Corría el año 2015, y las guardias de los martes y los viernes en el hospital, pintaban un tiempo muy particular mío; donde con mucha frecuencia podía descargar información desde otros planos de conciencia o de otros planos dimensionales, donde podía, digo, podía… porque es como que a medida que uno va evolucionando, creciendo o trascendiendo su propio ser, también uno va madurando en diferentes planos.
Por ese entonces bajaba muchísima información… (Que en el futuro me tomare también el trabajo de ir confeccionando y contando de diferentes tipos de tratamientos que se me indicaba y nunca cuestionaba de como aparecían) que iba transcribiendo en una pequeña carpeta rectangular que me había regalado una de mis compañeras de viaje.
Fue así que en un fin de semana, un viernes del 2015 estando en mi consultorio de guardia hospitalaria, con mi visión interna veo tres seres de dos o tres metros de altura tal vez, que rodearon mi escritorio, y como era una guardia muy tranquila, la información bajo… así de una. Estos Seres, dijeron que estaban ahí porque era el momento justo que debían transmitirme una información; la cual no iba a escribirla de manera convencional, lo único que tenía que hacer, era plasmar… “lo que estaba viendo” … Así sucesivamente empecé hacer círculos con diagramas, espirales, círculos, triángulos, flores. Para cuando me di cuenta estaba recreando una especie de símbolos o mándalas que se iban plasmando uno tras otro, completando siete de ellos.
Pasaron unas dos o tres semanas y no recuerdo bien cuando vuelven a aparecer estos mismos seres de muy alta envergadura para lo que un humano puede ser, de una apariencia azulina y de una dulce mirada muy particular. Uno de ellos, creo que fue el mismo que me había indicado o había observado como yo dibujaba esas simbologías, esta vez me comenzó a hablar telepáticamente. Dijo que había llegado el tiempo donde debían ser entregados unas series de simbologías que ayudarían a futuro a la mayor evolución del hombre, lo que yo hacía era solo transcribir lo que ellos me dictaban, y les digo la verdad, me llevo mucho tiempo entender lo que se me había entregado, con lo que guarde la información canalizada.
Pero con el devenir de las semanas, estos símbolos comienzan a tener una especie de incidencia, en todo momento se me aparecían, en especial uno de ellos.
Lo que hago en un momento dado es traspasar ese símbolo a un papel y llevarle a una compañera. Una señora que tenía o tiene mejor dicho percepciones mucho más amplias que el común de la gente, y de las cuales, de ellas,toda la vida me rodee. Ya estando frente a ella le pregunto… “Mira Timi, me bajó esta información… este símbolo no sé si es una especie de mándala o un sello, pero es insistente su presencia en estos días”.
Timi, sosteniendo el papel en la mano dijo: “Moni este es un sello…” permaneció en silencio con los ojos cerrados y exclama: “¡Hija este es uno de los sellos de Rey Salomón!”.
En ese mismo instante ambas nos fuimos a un amplísimo salón, muy antiguo, con gigantescas columnas doradas, donde en la parte central de ese inmenso salón crepitaba y ardía una enorme flama, era tan magnífico el lugar que la verdad se sentía placentero estar ahí. Ambas lucíamos túnicas muy simples y entre nosotras estaba el sello; el mismo tenía una presencia imponente. Se presentaba como una aleación que yo nunca había visto, no parecía oro, no parecía plata…si tenía un aspecto cobrizo y con incrustaciones en rubí, nos quedamos contemplando esa imagen.
Ese fue el primer inicio, digamos, de lo que fueron con el sucesivo devenir de los meses y años, la aparición de los llamados “siete sellos de salomón”.
Estos sellos fueron cobrando “vida” a través de los años, “se manifestaban en mi” cuando iba acontecer algún evento mundial; a veces aparecían cuando antes de un cambio de estación, ellos “me hablaban” que querían cobrar vida, ya sea en un equinoccio o en un solsticio.
Siempre coincidía cuando Ana Palma, esta muchacha que a través de los años se la conoce como portavoz arcangélico, ya que su trayectoria se basa por sus actividades en diferentes puntos por Latinoamérica; llevando la voz de lo que también conformó su larga colección de libros, donde el Arcángel Miguel entre otras miles de directrices la bautiza como “Portavoz Arcangélico”.
Bueno, coincidía cuando Ana en muchas de sus actividades planetarias convocaba a lugares determinados para realizar alguna “activación” llamémosle, cuando alguno de los sellos quería manifestarse.
Otras de las situaciones donde querían ser plasmados o cobrar vida, era cuando sincrónicamente acontecían eventos que movilizaban a todo un planeta.
Hago hincapié en eso porque la aparición del sello 33, el primero de todos, llamado el del “Inicio o Nave Estelar”; acontece cuando en días posteriores en una mina en el país vecino de Chile, sufre un derrumbe, quedando atrapados un contingente de 33 mineros.
No recuerdo la cantidad de tiempo… con posterioridad, al sur, en el Mar Argentino al sureste de nuestro país, colapsa un submarino llamado Ara San Juan con 44 tripulantes. En ese contexto emocional y de gran repercusión a nivel mundial se me pide plasmar el sello 44, el segundo de los sellos. Se me indicó que era un sello de apertura de Registros Akáshicos planetario. Cuento esta anécdota que no es nada agradable, para acercarles y contarles que, de esa manera, en eventos que movilizaban o nos movilizaban a nosotros como humanidad; se manifestaban los sellos.
El primero, el sello 33, fue el único en ser plasmado por una artesana, “comienza a hablar” y comienza a viajar. Es el único sello, de los siete que intervino hasta ese entonces, en actividades de Ana: en Las Cuevas del Paititi en Ecuador, viaja a las Ruinas de Machu Pichu, en Perú, viaja a Tenochtitlán, México, y a otros puntos energéticos por Latinoamérica. Él da pie y fuerza a “sus hermanos” y de esa manera los siete sellos son plasmados. Debían ser utilizados en tareas y con objetivos predeterminados.
Esa es la historia con la que estos sellos son canalizados por mi persona, donde se me dice que cada sello corresponde a quantums informáticos de una frecuencia altísima, que tienen múltiples funciones en múltiples dimensiones, y que había llegado el tiempo en que la humanidad tenía que conocerlos, luego ser usados lo más pronto posible.
Ese es el inicio de la historia de los Sellos Planetarios Salomónicos o Sellos de Salomón como se los conoció a través, no de mi persona, sino de otros canales.
Cuando se lo lleva para ser canalizado por Ana Palma en la provincia del Chaco, este canal expresa lo mismo que el ser anterior (Timi) y dice: … “Es un Sello Salomónico”.
Fue por ello que los sellos posteriores toman el nombre de Sellos de Salomón o Sellos Salomónicos.
Era más que nada relatarles cómo nacen y cómo fue su origen, es más enriquecedor su presencia visual porque estos sellos tienen la capacidad de acercarse al receptor y generar, siempre y cuando sean “aceptados”, digamos “frecuencialmente”, tienen la capacidad de hacer múltiples funciones. Son realmente quantums poderosísimos, que intervienen en cualquier tipo de patologías que pudiera tener el ser humano, hasta ser sostén en grandes movimientos y fenómenos naturales mundiales.
Por ello sería largo de contar como estos sellos han sido descriptos en sueños de personas que ni siquiera conozco de otros países, teniendo la oportunidad de conocer testimonios realmente emotivos, en los que su intervención ha llevado a buen puerto alguna situación que era inquietante; o también han intervenido en la atenuación de volcanes, inundaciones y sequías.
En fin, pienso que aquellos que quieran saber que son los sellos salomónicos más que escucharme o leerme, deberían disfrutar de cada uno.
Son siete sellos, cada uno con una frecuencia determinada, con un número secuencial; tienen sonido, colores y movimientos únicos en otros planos de conciencia.
El primero es conocido comúnmente como el sello 33, el segundo es el sello 44. El tercero el Sello 55 apodado “Sello del Florecimiento”, presentado en el equinoccio en la playa Aeazaty, ciudad de Corrientes, Argentina.
El cuarto sello es el 66, presentado en el equinoccio de primavera en la Cueva de Los Terrones, Capilla del Monte, Córdoba, Argentina, llamado “Sello Protector Orión”, el mismo se plasmó como “una gran sombrilla” sobre el planeta Tierra; este sello fue convocado en Sakuma, donde se aplican las terapias cuánticas de la escuela del Ojo de Horus del Antiguo Egipto.
Luego llegó el Sello 77, denominado “Sello Océano”, su función: “Paz y Tranquilidad”, su frecuencia 77 (el comienzo de la sanación de mares y océanos), cuando empiezan a emerger los grandes cristales del lecho marítimo terrestre. El Sello 88 llamado “sello Primavera” es el sello de los cambios, se activó en el solsticio del plenilunio, es el “Sello de Conjunción Planetaria” (trae información de los cuatro reinos).
Finalmente el Sello 99, apodado “El Sello de la Reconciliación” (dulzura), “activación planetaria” en el solsticio del 21 de marzo del año terrestre 2019, presentado en Tarea Planetaria en Capilla del Monte, Córdoba, Argentina.
Los siete sellos con posterioridad, conforman una plataforma a la que se conoce como “Plataforma 999”, que otro canal “ve con su visión interior”, ensamblan a los siete sellos dentro de la estrella de David y realmente su utilización, con la llegada de la cuántica y de las geometrías sagradas, han hecho que sean verdaderas puertas estelares, donde se puede ayudar no solamente al ser… sino a toda la humanidad.